Ále, ¡ya pasó!

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    Como  les prometí les cuento. A las ocho se presentan las personas citadas para configurar la mesa electoral con sus correspondientes suplentes. Estos se miran  unos a otros con una media sonrisa que viene a decir… “Bueno, ya estamos aquí, je”. Los titulares que ya han llegado sonríen con resignación, nadie habla, y los suplentes que aún no saben si se volverán a casa, o a la excursión prevista, o a la boda a la que están  invitados, miran al cielo rezando a Santa Jornadina “voluntaria y mártir” para tener suerte y que no falle nadie. Los hay que van “de punta en blanco”; son los de la boda en cuestión. Y los hay con la nevera portátil llena de comida por si acaso. Si se tiene suerte se van de excursión al río y si no, se montan el pic-nic allí mismo y cuando venga la mujer y los críos se hace un parón y se almuerza.

    El día transcurre sin incidentes entre varios “ chico, ¿te ha tocado?, “¡hola!,¿ otra vez tú?, que es lo que suele decir el vecino gracioso y el “¿y Juan y los niños?, ¡con quién los has dejado?..

    La gente acude. Colas de caras aburridas, unas sin ninguna ilusión y otras con mucha esperanza. Pero todas serias que se preguntan entre ellas por qué no hay más mesas para votar. Y así hasta el cierre, el recuento pasito a paso y las firmas. Luego unos a otros se dan la mano y entre sonrisas se dicen: ”Ále, ya pasó!”.

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