Máscaras

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    Mañana martes acaba el carnaval. Comienza la cuaresma, periodo de recogimiento. Es curioso que dos celebraciones tan opuestas tengan en común algo tan metafórico como “la careta”.

    Verán, si tan cierto es que en la cita lúdica que mañana concluye, el disfraz y la máscara ocultaban en sus orígenes, y ocultan, rostros que así se permiten y permitían excesos y libertades prohibidas, en la celebración religiosa que el miércoles comienza también aparecen “caretas de cumplimiento” de abstinencias y ayunos que tapan realidades que son otras.

    No dudo de la autenticidad de muchos como tampoco dudo de que muchos en carnaval no ocultaran u oculten del todo su fisonomía. Me refiero a  los coherentes, a los que  estando en lo cierto o no viven las creencias que proclaman. 

    Quienes  me producen rechazo son los que se cubren en su totalidad porque no se atreven a mostrarse tal como son porque quieren seguir pareciendo lo que creen que está bien parecer, lo que deben parecer, lo que interesa parecer. ¿Y a quién engañan?, engañan a aquellos que están convencidos de que así hay que ser, o al menos, así hay que parecerlo. Está claro que entre ellos se apañan, unos se tapan la cara y otros se tapan los ojos.

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