Paciencia y solidaridad

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Como todos los años por estas fechas voy a hablarles de la Na-vi-dad. En varias ocasiones lo he hecho para meterme con el personal y el enternecimiento que comienza el día 24 por la mañana y concluye el día 31 cuando cada uno se busca la vida para encontrar la mayor fiesta posible. 

 

Los hay, por supuesto, quienes estiran su fibra sensible hasta el día de Reyes por la noche y sólo los afortunados le dan la vuelta al calendario y dura su comprensión, su amor al prójimo y su solidaridad hasta la siguiente Nochebuena donde se renuevan.Es decir, los que aman sin saber ni en qué fecha están.

Bueno, pues este año me basta con la solidaridad y comprensión temporal de la que siempre me quejo. Porque la única salida es cargarse de buena energía y paciencia. Lo único digno que cabe es la solidaridad con los que puede que vean el marisco sólo en fotografías y con los que van a redescubrir el pollo y su rendimiento gastronómico en la cena de  Nochebuena y en el día de Navidad. Sí, porque por mucho que en estas fechas se tire la casa por la ventana, este año hay poca casa que tirar. Sí, porque este año los que padecen del estómago y los que no, nada de prensa, radio ni televisión, no sea que frases como “yerno de comportamiento no ejemplar”,  “trama de los trajes” u “operación Campeón” les haga recurrir al “bicarbonato”. 

Pese a todo, ¡Feliz Navidad!

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